El único superviviente

El único superviviente del accidente en los Andes, declara que la avalancha que arrastró a sus compañeros, la provocaron ellos mismos

Murieron tres montañeros españoles y un guía peruano

Tres montañeros españoles y un guía peruano fallecieron al caer por una pendiente al descender del pico Nevado Mateo, en Perú, con algo más de cinco mil metros de altura.

Pablo Belmonte, el único superviviente, realizaba un par de días después unas declaraciones en la radio. Describía detalles del accidente que solo él podía conocer. Habían llegado a la cumbre, y la caída se produjo en el descenso. El gran error fue realizar la bajada con demasiada velocidad, tenían miedo de una tormenta eléctrica que se preveía que iba a descargar. Tal era el miedo a los rayos que cuando hicieron cumbre, nadie se atrevió a sacar su móvil para realizar la típica foto en la cumbre.

Se ataron a una cordada los cinco e iniciaron el rápido descenso, uno de ellos cayó y arrastró al resto. Pablo describe como al caer todo el grupo provocaron la avalancha de nieve. La caída duró bastante, más de medio minuto, “era como ir dentro de una lavadora”. Al terminar de caer, notó que no se había ningún golpe en el casco, y que se encontraba bastante bien. Pensó que el resto de sus compañero estarían en una situación similar, pero la realidad era bastante distinta. Había sangre, había ya algún muerto y heridos de gravedad.

Belmonte, el único superviviente, lamentaba la ausencia de medios en la zona, si hubieran podido contar con el rescate de un helicóptero, al menos un par de sus compañeros se hubieran salvado. Él solicitó socorró a las dos de la tarde y hasta las seis no llegaron los primeros efectivos, estuvo tres horas dando los primeros auxilios a los accidentados.

Aconseja a la gente que se informen bien de las condiciones metereológicas antes de inciar la aventura. Dice que su error fue no haber dado la vuelta a tiempo. Pero no le guarda rencor a la montaña, comenta que sus compañeros murieron haciendo algo que les fascinaba, y él prefiere asumir ese tipo de riesgos que una vida postrada en el cemento.