Esto es lo que ha escrito hoy, en su twitter, el triatleta español Javier Gómez Noya:  “No creo que el fútbol deba ser olímpico: no compiten los mejores y ese rollo de tratar de engañar al árbitro, tirarse, protestar… ¡No en JJOO!“. Una dura crítica a lo que es normal ver en los campos de fútbol. Lo cual no está en concordancia con los valores que intenta inculcar el deporte en la sociedad, y más concretamente el espíritu olímpico que defiende la deportividad y el juego limpio.
Esto viene a cuento a lo visto ayer en el partido España-Honduras, en la que los españoles han caído eliminados al perder por 0-1, esto unido al 0-1 contra Japón, manda a España para casa, aunque todavía se tenga que enfrentar a Marruecos en el último partido de su corta travesía olímpica.
En dicho partido los hondureños abusaron de forma muy evidente de pérdidas de tiempo y, lo que es más sangrante, simulaciones de lesiones para que el reloj siguiera corriendo, tenían a su favor el marcador desde el minuto 6 de partido. Este tipo de actitudes son copiadas luego por los más jóvenes, y se aparta totalmente de la finalidad pedagógica que tiene el deporte.
El deporte, y más los juegos olímpicos, cuentan entre sus seguidores a multitud de jóvenes. Los Juegos Olímpicos, gran referente y máxima expresión del deporte, tiene detrás el Movimiento Olímpico, que se encarga de promover el desarrollo del deporte y de educar a través de él, recogiendo una gran cantidad de valores, normas y actitudes, orientados a la formación de la juventud.